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HEILIGER--->bando IV

Miren Hacia Delante

Miren Hacia Delante

Una Provincia religiosa es una división administrativa que persigue la articulación y coordinación de la presencia de una Familia religiosa -y por ende de un carisma- en diferentes zonas geográficas o culturales. Más específicamente «para una mayor facilidad de gobierno, para un enriquecimiento recíproco y para una más incisiva inserción en las exigencias locales».Así queda delineada la forma y finalidad de la presencia específica de los Barnabitas en la Iglesia chilena: portadores de un carisma, vale decir un ángulo peculiar desde el cual vivir el Evangelio, encarnado, eso es concretamente insertado, en una porción específica del Pueblo de Dios y en los momentos concretos del desenvolvimiento de su historia.Ambos son importantes: el carisma en cuanto intuición de una necesidad de la voz del Espíritu, la inserción en cuanto manifestación del principio de encarnación porque la fe cristiana tiene como meta ser itinerario de salvación en el mundo y en la historia.En nuestro caso concreto este recorrido comenzó en 1948 con una presencia que no era aún jurídicamente definida como provincia, se precisa como Pro-provincia chilena entre el 1954 y el 1964, como Pro-provincia argentino-chilena del 1964 al 1967 y con la Constitución de la Pro-provincia Hispano-americana del 1967 al 1976 transformándose en Provincia argentino-chilena en 1976 y 1977. Se precisa como Pro-provincia chilena entre 1977 y 1982 y la constitución como Provincia chilena en 1982.Pero es especialmente su espíritu que se va moldeando a la secuela del camino de la Iglesia latinoamericana. Así a partir de 1955 fecha de la Primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Rio de Janeiro, hace propia la preocupación por la formación acuciosa -cultural y espiritual- del Clero como una manera de conferir solidez a la acción evangelizadora de la Iglesia. Por lo demás esto de la reforma, vinculada también con la sólida formación del personal apostólico está en los genes de la familia Barnabita desde sus primeros inicios. A partir del 1968 siente como propio el trabajoso proceso de liberación que bajo el impulso del recién concluido Concilio Vaticano II asume como propia la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín. A partir del 1979 acentúa los conceptos de comunión y participación con los cuales la Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla asume una tarea iluminadora, en tiempos especialmente complejos de la historia latinoamericana y nuestra, con un documento especialmente inspirado e inspirador que diseña un grandioso cuadro de doctrina cristiana abierta y comprometida con los desafíos de nuestra sociedad. Desde 1992 el compromiso de nueva santidad postulado por la Cuarta Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo donde la necesidad de una nueva evangelización promotora de una humanidad digna compromete la Iglesia en un más fino tejido de comprensión de la realidad latinoamericana y de su vinculación con la historia de la Salvación. Y ahora en la asimilación de la acentuación misionera de la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano recién celebrada en Aparecida.El caminar de nuestra Provincia ha sido y es una atenta lectura de los signos de los tiempos y una silenciosa, aunque posiblemente eficaz en su raíz, asunción de la autoconciencia de la Iglesia local en estos sesenta años.Concretamente ha moldeado este compromiso a través de una propuesta pedagógica: formal en los Colegios, menos formal –pero, no menos profunda- en las Parroquias y Capillas en las que ofrece su servicio pastoral.

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